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Mi primer partido de la Suburbana

Partido entre Vila Fanny y Novo Mundo muestra las bellezas y los contratiempos del fútbol amateur de Curitiba

Mi primer partido de la Suburbana
Rafinha en acción en el Ismael Gabardo. Foto: Flávia Nunes/@olhonolancephoto

El Uber se va acercando y todavía no veo el estadio. Es que “estadio”, en el caso de los equipos de la Suburbana, quiere decir algo muy diferente a la Arena do Athletico, al Couto Pereira. El único aviso de que estamos cerca del Ismael Gabardo, sede del Vila Fanny, son los postes con los reflectores, tres a cada lado de la cancha. Llegamos.

En la entrada, no hay torniquete y entras gratis. Solo te piden el teléfono para participar por una camiseta del equipo dueño de casa. Diez pasos más y estás en el área techada donde venden el pan con bife, la cerveza y brigadeiros caseros. Un poco más a la izquierda y estás en la grada: solo es sentarte en uno de los tres escalones de cemento y disfrutar del partido.

Fui a ver el partido entre Vila Fanny y Novo Mundo por dos motivos. Primero, porque el Plural ahora está cubriendo la Suburbana, y estaba loco por saber cómo era aquello. Segundo, porque es absolutamente imposible conocer a Rafael Buiar y a sus cinco secuaces en Do Rico ao Pobre, nuestros socios de cobertura, y no entusiasmarse con el fútbol amateur de Curitiba. Ellos viven aquello y son felices con lo que hacen.

La primera idea era ir con mi hijo a ver el juego del Santa Quitéria, pero el equipo estaba jugando a puertas cerradas. Entonces, allá fuimos rumbo al Sur a ver al equipo que, al fin y al cabo, estrenó este año a un crack: Rafinha, ex extremo izquierdo del Coxa y del Paraná, a los 42 años, fue anunciado como el 10 del Fanny.

La hinchada organizada, la Fannyticos, estaba con todo, con batería, gritos de guerra y hasta unos petardos que, en el segundo tiempo, causaron cierta tensión cuando un graciosito hizo estallar el explosivo demasiado cerca de sus compañeros de alambrado.

Empezó el partido y me quedé impresionado. El juego no desmerece mucho respecto a los de los equipos profesionales de la ciudad (al menos desde la óptica de un tronco como yo). El Novo Mundo, que me informan es uno de los principales candidatos al título, mete un balón casi al ángulo y el arquero del Fanny hace una volada de crack para salvar de mano cambiada.

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Ahí viene el único contratiempo de nuestro estreno en las canchas de la Suburbana. Lo que empezó como una lluvia ligera pronto se vuelve un aguacero de aquellos. Todo el mundo corre al área techada, abandonando la grada. Y como no soy muy alto, veo poco de lo que está pasando en la cancha.

Al final del primer tiempo, ya con la lluvia amainando, sale el gol del Novo Mundo. En un rebote, la pelota queda para un lindo zurdazo que pega en el palo y entra. La Fannyticos casi se desanima, pero todavía queda el segundo tiempo por delante.

En el entretiempo, converso con la pareja detrás de nosotros. Digo que oí hablar del poderío del Novo Mundo, pero el sujeto me corrige: “Al lado del Fanny es un equipo chico”. Ok, hincha es hincha.

Fannyticos: la hinchada acompaña al equipo en todos los partidos. Foto: Rogerio Galindo/Plural

El segundo tiempo es disputado. Entre las jugadas de crack y uno que otro canelazo (pasa, cosas que pasan), hay también momentos muy distintos del juego profesional. La pelota que se va a la calle, o que pega en la copa de un árbol justo después del saque de banda. Un jugador corre demasiado para impedir que la pelota salga por la línea de fondo y necesita poner las manos adelante - va a chocar con el muro.

Una de las gracias del juego es que todo también está mucho más cerca que en una pomposa partida del profesional. El masajista corre a atender a un jugador y escucha una bromita del hincha. Por lo visto los dos se conocen y se saludan riendo. El técnico pasa muy cerca de la línea lateral y escucha todo lo que la gente quiere decir: “¡Vamos a hacer jugar a los muchachos, profe!”

A mitad del segundo tiempo, alivio para el Fanny. En un remate muy parecido al que le dio el gol al adversario, llega el empate. Ese sería el marcador final del partido, equilibrado como parece que es costumbre en la Serie A de la Suburbana. (El juego que yo pretendía ver antes, entre Santa Quitéria y Tanguá, terminó 3x3, informa el grupo de zap de Do Rico ao Pobre).

El saldo final es ampliamente positivo. No gastamos nada (excepto el Uber y dos aguas sin gas), vimos un lindo partido y conocimos un poco más la ciudad. Sobre todo a la gente. Al fin y al cabo, como dice Rafael, la Suburbana está hecha de gente.

Rogerio Galindo

Rogerio Galindo

Jornalista, um dos fundadores do Plural.

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